martes, 13 de octubre de 2009

Amanecer - Capitulo 3: El gran día

Mis propios ojos volaron abiertos.
Estuve temblando y jadeando en mi cama durante varios minutos, tratando de liberarme del sueño. El cielo fuera de mi ventana se torno gris y luego rosado pálido, mientras esperaba que mi corazón redujera la marcha.
Cuando volví a la realidad de mi cuarto sucio, familiar, me molesté un poco conmigo misma. ¡Qué sueño para tener la noche antes de mi boda! Esto es lo que consigo obsesionándome con las historias inquietantes a mitad de la noche.
Impaciente por quitarme la pesadilla, me vestí y me dirigí a la cocina mucho antes de que yo lo necesitara. Primero limpie los cuartos, y luego cuando Charlie se levantó hice unas tortitas. Yo estaba demasiado nerviosa hasta para tener cualquier interés en comer el desayuno. Me senté en mi sitio mientras el comía.
- Tienes que recoger al Señor Weber a las tres en punto. – le recordé.
- No tengo mucho que hacer además de acompañarte, Bella. Probablemente no olvidaré mi único trabajo. – Charlie había tomado el día libre entero para la boda, y al final no serviría para nada. De vez en cuando, sus ojos miraban furtivamente a la puerta cercana bajo las escaleras., donde él guarda sus instrumentos para pescar.
- Ese no es tu único trabajo, también tienes que estar vestido y presentable – Él frunció el ceño hacia sus cereales y murmuró las palabras – El traje de mono – bajo su aliento.
Alguien tocó la puerta enérgicamente la puerta de la calle.
- Tú piensas que lo tienes mal – dije, mientras me levantaba – Alice trabajará en mí todo el día – Charlie cabeceó pensativamente, concediendo que él realmente tenía los menores problemas. Bese lo más alto de su cabeza cuando pasé – él se ruborizo y tosió – seguí caminando para abrirle la puerta a mi mejor amiga y mi pronto hermana.
El pelo corto negro de Alice no estaba en sus habituales puntas despeinadas. Tenía preciosos bucles cayendo alrededor de su cara de duendecillo, que le daba una expresión de contrastadamente seria. Ella me arrastró fuera de la casa diciendo un leve - ¡Eh!, Charlie – cuando salió
Alice me examinó cuando entré en su Porsche.
- ¡Ah, Dios, mira tus ojos! – Dijo con reproche - ¿Qué has hecho? ¿Quedarte despierta toda la noche?
- Casi.
Ella frunció el ceño.
- Sólo he planeado tanto tiempo para que quedes perfecta y tu no estas ayudando, Bella.
- Nadie me espera perfecta. Creo que el problema más grande es que yo podría dormirme durante la ceremonia y no ser capaz para decir – Si quiero – en la parte correcta y Edward se irá a la fuga.
Ella se rió.
- Te lanzaré el ramo cuando estés cerca.
- Gracias.
- Al menos tendrás mucho tiempo para dormir sobre el avión mañana.
Levanté una ceja. Mañana, reflexioné. Si nosotros nos fuéramos esta noche después de la recepción, nosotros todavía estaríamos sobre el avión mañana…bien, nosotros no íbamos a Boise, Idaho. Edward no había dejado caer solo una indirecta. Yo no debía Heber acentuado el misterio, pero era extraño el no saber donde dormiría mañana por la noche. O quizás no dormiría…
Le pregunté a Alice si iba a regalarnos algo y ella frunció el ceño.
- Esta todo empaquetado y listo – Ella dijo distraídamente.
- Me gustaría que me dejaras empaquetar mis cosas.
- Eso habría sido demasiado.
- Descarta tu oportunidad de comprarme algo.
- Tu vas a ser mi hermana oficial en diez horas…es hora de quitarte esa aversión a la ropa nueva.
Yo saqué la cabeza por la ventanilla hasta que llegamos a la casa.
- ¿Él ya ha llegado? – pregunté
- No te preocupes. Él estará antes de que la música empiece. Pero no puedes verle, no importa cunado regrese. Lo haremos a la manera tradicional.
Yo grité
- ¡Tradicional!
- Sí, novios aparte.
- Ya sabes que él habrá echado una ojeada.
- Oh, no – Soy la única que te ha visto con el vestido y no he pensado en el cuando él esta alrededor.
- Bien, – dije cuando giramos hacía la carretera – veo que vuelves a usar la decoración de la graduación. – Tres millas de calle estaban otra vez llenas de miles de lucecitas. Esta vez ella añadió banda de satén blanco.
- La basura no, no quería. Disfruta esto, porque no podrás ver las decoraciones interiores hasta que sea el tiempo. Entró en el cavernoso garaje del norte de la casa principal; el gran jeep de Emmett aún estaba desaparecido.
- ¿Desde cuándo no permiten a la novia ver las decoraciones? – protesté.
- Desde que ella me puso responsable. Quiero que tu mayor impacto sea cuando bajes las escaleras.
Ella puso una mano sobre mis ojos antes de que ella me dejara dentro de la cocina. Inmediatamente fui atacada por el olor.
- ¿Qué es eso? Me pregunté como ella me guiaba por la casa.
- ¿Es demasiado? La voz de Alice estuvo bruscamente preocupada – Eres el primer humano aquí; espero que esté bien.
- ¡Huele genial! – Le aseguré – casi intoxicada, pero nada aplastante, el balance de las diferentes fragancias era sutil e impecable. – Azahares…lilas…y algo más - ¿estoy en lo correcto?
- Muy bien, Bella. Tu solo olvidaste la Fresia y las rosas.
Ella no destapó mis ojos hasta que estuvimos en el baño. Lo habían convertido en un salón de belleza y me empecé a sentir somnolienta.
- ¿Es esto realmente necesario? Voy a parecer simple al lado de él cueste lo que cueste.
Ella me empujo hasta una silla rosa. – Nadie se atreverá a llamarte simple cuando termine contigo.
- Sólo por que tendrán miedo de que les chupes la sangre. – refunfuñé. Me apoyé en la parte de atrás de la silla y cerré mis ojos, esperando poder dormir la siesta por ello. Casi lo conseguí mientras ella enmascaraba, arreglaba y espolvoreaba cada superficie de mi cuerpo.
Fue después de la hora de comer cuando Rosalie se deslizó por delante de la puerta de cuarto de baño en un reluciente vestido de plata y con su rubio cabello recogido en un suave mojono encima de la cabeza. Estaba tan hermosa que me dieron ganas de llorar ¿Iba atener que desvestirme con Rosalie delante?
- Han vuelto – dijo Rosalie, inmediatamente el corazón se me paró. Edward estaba en casa.
- Que no se acerqué
- Él está cambiándose todavía – dijo Rosalie. – El valora mucho su vida. Esme tiene que terminar unas cosas. ¿Quieres ayuda? Puedo arreglarle el pelo.
Mi mandíbula se abrió. Intenté recordar como se cerraba.
Rosalie nunca fue mi persona favorita del mundo. Ella estaba ofendida por la opción que yo había elegido. Aunque ella tuviera su belleza imposible, su amorosa familia y su compañero del alma en Emmett, ella habría negociado todo por ser humana. Y aquí estoy yo, tirando todo lo que ella quiso en la vida, por la basura. Esto exactamente no me asustó.
- Por supuesto – Alice dijo fácilmente – Tú puedes empezar trenzándolo. Lo quiero intrincado. El velo va aquí, debajo. – Sus manos peinaban mi pelo torciéndolo, levantándolo y mostrando detalladamente como lo quería. Cuando terminó, sus manos fueron sustituidas por las de Rosalie, formando mi pelo con un toque ligero de pluma. Alice movió hacia atrás mi cara.
Una vez que Rosalie recibió el elogio del Alice sobre mi pelo, ella fue enviada para traer mi vestido y luego localizar a Jasper, que había sido enviado para recoger a mi madre y a su marido, Phil, de su hotel. Abajo, yo apenas podía oír la apertura y cierre de la puerta una y otra vez. Las voces comenzaron a flotar hasta nosotros
Alice me hizo estar de pie de modo que ella pudiera pasar el vestido sobre mi pelo y maquillaje. Mis rodillas temblaban tanto que Alice tuvo que abrochar los botones de satén en mi espalda.
- Toma aire, Bella – Alice dijo – intenta calmar tú corazón. No sudes tú nueva cara.
Le dí la mejor expresión sarcástica que yo podría hacer – Lo conseguiré.
- Vamos a vestirnos ahora ¿Puedes arreglártelas sin nosotras durante dos minutos?
- Um… ¿tal vez?
Ella rodó sus ojos y salió corriendo por la puerta.
Me concentré en mi respiración, conté cada movimiento de mis pulmones, y miré fijamente los patrones que las luces de baño hacían que la tela de mi falda brillase. Tuve miedo de mirarme al espejo – con miedo a que la imagen de mí en el traje de novia me enviaría al borde de una crisis de pánico a escala natural.
Alice volvió antes de que yo hubiera respirado doscientas veces, en un vestido que caía sobre su cuerpo delgado como una cascada plateada.
- Alice – wow.
- No es nada. Nadie me mirará hoy. No mientras tú estés en la habitación.
- Difícil.
- Ahora, ¿tienes control, o tengo que traer a Jasper?
- ¿Ellos han vuelto? ¿Ha llegado mi madre?
- Acaba de entrar. Esta subiendo.
Renée había volado hace dos días, y yo había pasado cada minuto que podía con ella – cada minuto que podía llevarla lejos de Esme y las decoraciones, en otras palabras. Por lo que yo podría decir, ella tenia más diversión con esto que un niño en Disneyland todo el día. De alguna forma, me sentí casi tan engañada como Charlie. Todo el terror que tuve respecto a su reacción.
- ¡Ah, Bella! – Chilló ella, entrando de una manera efusiva por la puerta – ¡Ah, cariño, estas tan hermosa! ¡Ah, voy a llorar! ¡Alice, eres increíble! Tú y Esme deberíais hacer un negocio como planificadora de bodas. ¿Dónde has comprado el vestido? ¡Es precioso! Muy generoso y elegante. Bella, pareces salida de una película de Austen. – La voz de mi madre sonaba un poco distante, y todo en la habitación parecía sumido en un sueño. – Una idea muy creativa basar todo en el anillo de Bella. ¡Muy romántico! Pensar que estaba en la familia de Edward desde el siglo dieciocho.
Alice y yo nos miramos de forma conspiradora. Mi madre no sabía que el estilo de mi vestido tenía más de cien años. La boda no estaba hecha alredor del anillo, era alrededor de la vida de Edward.
Alguien se aclaró la garganta de forma brusca en el arco de la puerta.
- Renée, Esme dice que es hora de que bajes. – dijo Charlie.
- Bueno, Charlie, ¡te ves fabuloso! – dijo Renée en tono de sorpresa. Todos esperamos la respuesta de Charlie.
- Alice me ayudó.
- ¿Es la hora ya? – Dijo Renée a si misma – esto pasa muy rápido, me siento mareada.
Ya éramos dos
- Dame un abrazo antes de que baje – Insistió Renée – Con cuidado, no quiero llorar.
Mi madre me abrazo con delicadeza por la cintura, entonces se fue por la puerta.
- ¡Oh, Dios! Casi me olvido. Charlie, ¿Dónde esta la caja?
Mi padre rebuscó en sus bolsillos y saco una pequeña cajita blanca, que le dio a Renée. Ella levantó la tapa y me lo mostró.
- Algo azul – dijo ella.
- También algo viejo, es de la abuela Swan – Añadió Charlie – Nosotros teníamos una joya con piedras y zafiros.
Dentro de la caja había dos grandes horquillas plateadas con un zafiro azul oscuro en el centro y un intrincado detalle floral en los dientes.
Tragué saliva.
- Mamá, Papá…no puedo admitirlo.
- Alice no nos dejaba hacer nada - dijo Renée- cuando lo intentábamos ella quería mordernos nuestros cuellos.
Una risa histérica salió de mis labios.
- Esto es algo viejo y algo azul – musitó. Girando para mirarme – Y el vestido es nuevo así que…
Ella cogió algo y lo puso sobre mis manos. Era una liga blanca de encaje preciosa.
- Es mía y la quiero de vuelta – dijo Alice.
Yo asentí.
- Ya está – dijo Alice con satisfacción – Estas oficialmente perfecta – dijo con una auto-suficiente sonrisa en su cara de duendecillo. Se giró hacia mis padres – Renée tienes que bajar.
- Si, mamá – Renée me dio un beso y salió por la puerta.
- Charlie ¿me pasas las flores por favor?
Charlie salió de la habitación, Alice se puso detrás de mí y arregló la falda. Puso la cola del vestido y el velo, y salió de la habitación.
Ella volvió junto con Charlie con cuatro flores blancas. El olor a rosas, amapolas y fresia me envolvió.
Rosalie – la mejor músico después de Edward – estaba tocando el piano en el piso de abajo. El Canon de Pachelbel. Yo empecé a híper-ventilar.
- Tranquila, Bella – Dijo Charlie. Yo miré a Alice nerviosamente – Ella se ve un poco enferma, ¿estas segura de que quieres hacerlo?
Su voz sonó lejana, no sentía mis piernas.
- Ella está mejor.
Alice se puso delante de mí y cogió mis hombros con sus manos. Me guiñó un ojo.
- Tranquila, Bella. Edward te está esperando para que bajes.
La música cambió a una nueva canción. Charlie cogió mi brazo.
- Bella…estamos a punto de batear.
- ¿Bella? – Alice preguntó, todavía sosteniendo mí mirada fija.
- Si – asentí – Edward. OK – Y empecé a caminar por la habitaron con Charlie unido por mi brazo.
La música llenaba todo el hall. La fragancia de millones de flores flotaban por las escaleras. Me concentré en la idea de Edward para que mis pies se arrastraran por el camino.
La música me era familiar, la marcha tradicional de Wagner embellecía todo.
- Es mi turno – susurró Alice – Cuando cuentes hasta cinco, sígueme.
Ella fue caminando con su graciosa danza. Pensé que elegir a Alice como Dama de Honor fue un error. Yo parecía descoordinada al lado suyo.
Una fanfarria repentina comenzó a sonar. Reconocí mi señal.
- No dejes que me caiga, papá – susurré. Charlie colocó mi mano por su brazo y luego la agarró bien fuerte.
Un paso a la vez. Me dije cuando comenzamos a decender al ritmo lento de la marcha. No levanté mis ojos hasta que estuvieron seguros en la tierra plana, aunque yo pudiera oír los murmullos y el crujido de la audiencia centrando la vista en mí. La sangre fluyo a mis mejillas cuando lo oí; desde luego yo sería siempre la novia ruborizada.
En cuanto mis pies descansaron sobre el pie de la escalera, le busqué. Durante un breve segundo, me distraje con las guirnaldas y las flores blancas colgadas por todo el cuarto. Pero entrecerré mis ojos cuando comencé a caminar entre las sillas cubiertas de satén – ruborizándome más profundamente cuando los rostros se fijaron en mí – hasta que lo encontré al fin, estaba de pie antes de un arco que se desbordaba un montón de flores enmarañadas.
Yo estaba apenas conciente de que Carlisle estaba a su lado, y el padre de Angela detrás de ellos. No vi a mi madre donde ella debe haber estado sentada, o a mi nueva familia, o a cualquiera de los invitados – ellos tendrían que esperar hasta más tarde. Todo lo que yo realmente vi era la cara de Edward; esto llenó mi visión y abrumó mi mente. Sus ojos eran del más oro ardiente; su cara perfecta, era casi severa con la profundidad de su emoción. Cuando sus ojos encontraron los míos, él sonrió mientras tomaba aire.
De repente, lo único que sentí fue la mano de Charlie sobre la mía, evitando que me cayera.
La marcha era demasiado lenta, luché contra mis pasos para ir a su ritmo. El pasillo era muy corto. Y luego al final…al final yo estaba allí. Edward ofreció su mano. Charlie tomó mi mano y, en un símbolo tan viejo como el mundo, la colocó en la de Edward. Cuando toqué la dura y fría piel de Edward, sentí que estaba en casa.
Nuestros votos eran simples, las palabras tradicionales que habían sido usadas un millón de veces, aunque nunca importaban tanto como para una pareja de nuestro tipo. Nosotros le habíamos pedido al Sr. Weber hacer un pequeño cambio en los votos. En vez de – hasta que la muerte nos separe – dijo más apropiadamente – tanto tiempo como vivamos – En aquel momento, cuando él dijo su parte, mi mundo, que había estado al revés últimamente volvió a su estado natural. Me di cuenta de lo tonta que fui al temer esto – como si fuera un regalo de cumpleaños no deseado o una muestra de cariño embarazosa, como el baile escolar. Yo examiné como estaba de radiante Edward, tenía una mirada triunfante, pero también sabía que yo, a mi manera, también ganaba. Porque nada me importaba más que estar con él.
Yo no me di cuenta de que estaba llorando hasta la hora de decir las palabras.
- Si quiero – dije más cerca de un inteligible susurro. Mirando sus ojos hasta que vi reflejada mi cara.
Cuando era su turno de hablar las palabras salieron claras y victoriosas.
- Si quiero – dijo.
El Sr. Weber nos declaró marido y mujer, entonces las manos de Edward recogieron mi cara, con cuidado, como si se tratara de delicados pétalos y acercó nuestras cabezas. Yo trate de comprender y mirar a través de la cortina de lágrimas que caían de mis ojos, el irreal acto en el que una persona es mía. Sus ojos dorados miraron mis ojos como si ellos también quisieran derramar lágrimas, si no fuera imposible. Él me estrechó contra su cuerpo y yo pase mis brazos por su cuello.
Él me besó despacio y con adoración, yo olvidé todo, el lugar, el tiempo, la razón…solo recordaba que le amaba y que el me quería a mí, yo era suya.
Él culminó el beso, y tuvo que terminarlo.
Me abracé a él mientras nos reíamos suavemente, sin hacer caso de cómo la audiencia se aclaraba la garganta. Finalmente, sus manos frenaron mi caray nos separamos – demasiado pronto – para mirarnos. Sobre la superficie de su sonrisa atisbe ver una sonrisa satisfecha. Por debajo de su hospitalidad y amabilidad frente al público me lleno de felicidad.
El público rompió en aplausos y él giro nuestros cuerpos a nuestros amigos y familiares. Yo no podía quitar mi mirada de él.
Los brazos de mi madre me encontraron primero, sus lágrimas consiguieron que apartara mi mirada de la de Edward. Entonces fui pasando de mano en mano por todo el público pero mi mente seguía en Edward, y su mano en la mía. Yo abracé de diferentes maneras, suavemente a mis amigos y con fuerza a mi nueva familia.
Uno de los abrazos que diferente de los otros. Seth Clearwater estaba allí en lugar de mi perdido amigo licántropo.

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